SI MESSI JUEGA EN COLOMBIA
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Por Daniel Samper Ospina

Apreciado Lionel:

Reciba un caluroso saludo de este amigo suyo que lo venera y que lo acompaña también en las malas: en estos duros momentos en los que la vida lo sorprende con el súbito revés de quedarse sin empleo, en una edad en que ya no es joven. Permítame decirle que no está solo, señor: y con esta misiva ofrezco mis mejores oficios para conseguirle cita con el presidente de Santa fe, el muy prístino Eduardo Méndez, para que termine usted vistiendo la camiseta del glorioso cuadro albirrojo, en un gana-gana en que usted podría apropiarse del único palmarés que le falta a su prodigiosa carrera, y nosotros solucionar un problema en el medio campo que, sin quitarle méritos a Kelvin Osorio, su futuro colega, estamos padeciendo. Estoy seguro de que su presencia renovará el ánimo del equipo, hoy en día sepultado en la última posición de la tabla, en los —eso sí— verdaderos sótanos del infierno.

Bogotá no será Barcelona, pero tiene lugares muy agradables como el Monumento a los Héroes, en cuyas cercanías funcionaba en los años ochenta un restaurante que, mire usted, se llamaba Las Ramblas: es como si fuera el destino. Es una ciudad amistosa e incluyente, sobre todo con el amigo raponero, que, a semejanza de los jueces de boxeo en los Juegos Olímpicos, son expertos en robar medallas de oro. Por lo demás, la capital polombiana es el lugar preferido de Mick Jagger en todo el mundo, ojo, en todo el mundo, para comer obleas, y cuenta con un metro subterráneo en ciernes que, a diferencia de las estaciones de Transmilenio, y a semejanza suya cuando toma la esférica, no resultará sencillo de bloquear.

Sí: es posible que, por irresponsabilidad de la Dimayor, que es como la FIFA nuestra, y ligereza de la Alcaldía de la capital, en uno que otro partido se presente una invasión de hinchas violentos a la cancha que se revientan a pata hasta la inconsciencia. Esto sucede especialmente si el juego es entre Santa Fe, su futuro equipo, y el Nacional. Pero son cosas del fútbol, mi querido amigo, y usted es lo suficientemente ágil como para zigzaguear entre las barras bravas antioqueñas sin sufrir rasguño alguno.

Queremos que su vinculación sea a largo plazo: desde ahora hasta que caiga Maduro o que el Gobierno reconstruya Providencia. Por tal motivo, haré las gestiones pertinentes para que reciba el sueldo que se merece, así debamos imprimir billetes o vender el bus que con tanto trabajo compró el equipo en el 2012. La idea sería girarle el dinero a Panamá para excluir su nombre de la lista de los cuatro mil hombres más ricos con que Gustavo Petro piensa financiar la próxima reforma tributaria: se preguntará usted por qué cuatro mil. Sencillo: porque si fueran el doble, parecería un guiño al samperismo. Gustavo, querido Lionel, es el Cristiano Ronaldo de la política colombiana, y usted podrá reconocerlo porque, en el momento de vacunarse, se quita la camiseta como si se la fuera a intercambiar con sus rivales. 

En la capital podrá entrenar en el protestódromo que elaborará el ministro Molano con financiación del Grupo Aval; amistarse con

Eduardo Pimentel cuando enfrente al Boyacá Chicó; aprender de táctica y estrategia (y de buen uso del castellano, de paso)  con los dictámenes del modesto profesor Carlos Antonio Vélez; recibir la Cruz de Boyacá de manos de Iván Duque, quien le preguntará cuántas cabecitas es capaz de hacer; y suscribir contratos publicitarios con la casa de apuestas Bet Play, cuyas cuñas serán emitidas en el canal Premium de Win Sports, donde Jotas Mantillas lo entrevistará: ¿qué más pedir?

Lionel: probablemente le hayan dicho que los partidos en Colombia tienen un nivel muy pobre y basta observar el Partido de la U para comprobarlo. Pero hay esperanzas con el pase que obtuvieron esta semana los hermanos de Böer, que son los Galán. Es posible que se le acerque un personaje que le comente su frustrado sueño de haber sido arquero del DIM y que, efectivamente, tenga pinta de arquero del DIM: se llama Sergio Fajardo y juega en la mitad de la cancha: ni arriba ni abajo. No le ponga atención: tratará de alinearlo al lado de “Mi Muñeca” Lozano; Humberto “Pluma Blanca” de la Calle y la revelación de las canteras juveniles, Jorge Enrique “el Petiso” Robledo. También es probable que, al provenir del equipo culé, termine de amigo de Antanas Mockus, y que el propio Álvaro Uribe pretenda ficharlo como cabeza de lista, ante el inminente naufragio de Miguelito Turbay.  Por favor: no los oiga. Es un año electoral. Llegado el caso, y ahora que está en ciernes de cambiarse de equipo, reciba consejos de Armandito el “Dos-Millones-De-Pesos-Para-Los-Raspaos” Benedetti, que ha vestido múltiples casacas, tiene fuerte pegada a la pecosa desde la media distancia y es capaz de desbordar lo mismo por la derecha que por la izquierda.

No se intimide si María Fernanda Cabal lo llama comunista por ser zurdo; si el general Ajúa le chuza hasta el número de su camiseta; si el fiscal Barbosita procura robarle protagonismo; si Ernesto Macías le dice que las “jugaditas” que él protagoniza son mejores que las suyas. Siga adelante que en este pueblo hará amistades inolvidables con Teo Gutiérrez, con Dayro Moreno; incluso con líderes políticos que tienen nombre de goleadores, como Richard Aguilar, de quien aprenderá a robar marcas. A través de contratos irregulares. Y de comisiones.

No necesito sino una seña para iniciar gestiones. Procuraré que el equipo reciba también al Kun Agüero. Puede ser buen suplente de Kelvin Osorio. Lanzarse al Concejo con los hermanos de Böer. O acompañarlo al restaurante de Las Ramblas, en Los Héroes, cuando la nostalgia lo invada.

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