PACHITO EN LA POSESIÓN DE BIDEN
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Por Daniel Samper Ospina

Me decepcionó la toma de posesión de Joe Biden porque, como buen colombiano, estoy acostumbrado a espectáculos de mayor envergadura: ¿dónde estaban los niños vallenatos?; ¿dónde los policías que sostienen los paraguas de la familia presidencial?; ¿dónde una versión gringa de Ernesto Macías, The Bachellor, que reemplazara esos aguados discursos sobre la unidad por ese verbo de fuego, que quema e ilumina a la vez, del opita máximo?

Y, sin embargo, seguí el minuto a minuto con disciplina de patriota para observar el manejo diplomático que Pachito Santos daría al ascenso al poder del caballo por el que el gobierno colombiano no apostó: el caballo viejo, por decirlo así.

Pensaba con algo de ilusión que el carisma de Pachito, su ser dicharachero por naturaleza, disolvería cualquier rencor con dos comentarios y una carcajada; que, una vez terminaran los discursos, haría migas inmediatas con Kamala Harris; reduciría a un malentendido las reuniones en la Florida de miembros del CD con propagandistas de Trump; engancharía un amistoso y teatral “jab” en el estómago del presidente posesionado, mientras convertía en chiste las ofensas de campaña:

—Qué dice mi presidente castrochavista….

Pero en la transmisión nunca mostraron a Pachito: si acaso a Bernie Sanders, que se escurría dentro de su abrigo mientras su abrigo se escurría en la silla y algunos transeúntes le dejaban monedas.

Tuve que conformarme con las fotos que circularon posteriormente en las que el embajador aparecía rutilante, al lado de su esposa, si bien ligeramente retirado del Capitolio, casi en gallinero.

Mientras Pachito sacaba los binóculos, en Colombia otros líderes seguían la ceremonia con fruición: Gustavo Petro dijo que el programa de Biden y el de la Colombia Humana eran prácticamente el mismo, un par de gotas de agua. Aún más: salvo por la edad y la marca de zapatos, y salvo por la constante invitación a la moderación y a la concordia del presidente americano (y salvo por el detalle de que en Colombia los seguidores de Petro dirían que Biden es un tibio derechista del establecimiento que le hace juego al uribismo), se pensaría que el programa demócrata es casi un plagio, y que Biden en realidad es el Biden Humano, el sexto mejor Biden del mundo.

Por su parte, el presidente Duque vivió la jornada acompañado por sus asesores de cabecera. Desde hacía algunas semanas había pedido a la canciller que lograra una llamada con Biden, para limar asperezas, y desde entonces tenía prohibido que ocuparan el teléfono en Palacio.

—Nadie puede hablar por esta línea: estoy esperando una llamada de Washington —ordenó a su alto consejero para las Líneas (quien, de paso, tuvo un papel destacado en la placa de La línea).

Pero nadie llamó.

Mis informantes me cuentan que a Duque casi se le sale el corazón cuando, después de la posesión, en el justo momento en que los medios informaban que el presidente Biden estaba ejecutando sus primeras acciones de gobierno, el teléfono timbró.

Lo contestó el ministro de Comunicaciones, como corresponde.

—Es de Washington y es collect: ¿la acepto? –dijo mientras tapaba la bocina.

El presidente observó con ojos suplicantes al ministro Carrasquilla, quien concedió con una leve inclinación de cabeza. El presidente entonces le rapó el auricular al ministro, mientras los asesores observaban con el alma trémula:

—¿President Biden? —preguntó, luego de carraspear.

Pero una mueca de decepción anticipó la noticia:

—Es Pachito –señaló, mientras tapaba con una mano la bocina y todos lo lamentaban meneando la cabeza.

Pachito rindió informe telefónico de su gestión:

“Pues Iván: yo sí le dije a María Victoria, María Victoria, prepárame la bota y el cojincito, y arrancamos con la idea de hablar luego con el presidente Biden o como mínimo con Kamala Harris… Yo ya había ensayado todo, hasta había aprendido cómo se dice “trizas” en inglés, que se dice chalk.… Le iba a decir que nosotros no vamos a volver “trizas” la paz, todo lo contrario; y que soy primo íntimo de Juan Manuel, que somos como hermanos; y que el presidente Uribe le mandaba saludos y lo quería mucho, como tú me sugeriste…  ¡Hasta le iba a comprar unas vacunas para darle a Colombia la buena noticia de que vencimos el polio de una vez! Pero nos pusieron en la porra, Iván. Me tapó todo el tiempo un señor de la delegación del Camerún. Tuve que pedirle a María Victoria que me alzara en los hombros para poder ver algo. Es que acá todo es un desastre, el Departamento de Estado es un desastre, presidencia es un desastre, todo es un desastre. La ceremonia fue eterna. Y al final, cuando tratamos de ir a donde los Biden (o como mínimo a donde Kamala Harris), un celador no nos dejó pasar del cordón y casi me decomisa la bota. Ahí decidimos irnos a un Taco Bell porque me entró la nostalgia de la tierrita…”.

Lo positivo es que, tan pronto como colgó, Duque recibió una llamada de la canciller con buenas noticias: le dijo que era prácticamente un hecho la llamada con el presidente gringo.

—Me lo aseguró su esposa, doña Melania: acabo de colgar con ella.

Qué semana. No nos queda política exterior y las finanzas flaquean.  La única esperanza es que Bernie Sanders pague la llamada collect de Pachito con las monedas que recogió.

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