EN LA CABEZA DE MARTUCHIS
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Por Daniel Samper Ospina

…Yo creo que de este episodio todos podemos aprender. Mi hermano era muy joven, tenía apenas 36 años, y dijo: “voy a hacer un emprendimiento, voy a exportar a Estados Unidos”, y hasta ahí todo bien: eso fue lo mismo que yo propuse como ministra de comercio exterior, en una gestión que por lo demás fue muy destacada, porque yo soy una mujer muy emprendedora que siempre se ha destacado por trabajar, trabajar y trabajar, como decía el presidente Uribe, con el que hice una gran llave… porque esto no es de atenidos, de venga para acá y que el estado me haga todo… venga para acá y yo me quedo quieta y que el estado exporte por mí y yo no hago nada… No, nada de eso… Acá toca encomendarse a la virgen de Fátima, echarse la bendición y trabajar duro si uno quiere prosperar y no quedarse viviendo en una casita de doscientos metros, sin tener con qué pagar una fianza, una garantía, y comprando ropa en descuento en JCPenny.

Bueno: digo que mi hermano Bernardo hizo ese emprendimiento cuando era casi un niño de 36. Lo pensó, hizo sus números, quiso sacarlo adelante para producir en pesos pero ganar en dólares —que es como se deben pensar estos negocios de exportación—, pero se equivocó en el producto, no ha debido ser heroína… Heroína yo, y lo digo sin falsa modestia, que en cada uno de los cargos que he ocupado me he destacado: he trabajado para todos los presidentes sin excepción; como ministra de comercio, como ministra de defensa, cuando combatí la droga en toda su cadena de producción, porque la droga se tomó este país… Usted ahora va al campo y ya no hay campesinos, ahora son todos terroristas de ruana que trabajan para carteles de la droga, y contra ellos es nuestra lucha, sin contemplaciones: ¡acá no hay narcotraficantes buenos y malos! ¡Acá todos los narcotraficantes son malos y debemos proteger a la juventud de las amenazas de la droga! ¡Queremos jóvenes deportistas, como Farah y Hadad, como Faryd Mondragón, que algún día llegará a reemplazar al señor Constantino en la FIFA, o a ser ministro del deporte en un gobierno de Marta Lucía Ramírez!

Pasó entonces lo de mi hermano, y en su momento no dije nada porque ¿para qué?, ¿para qué propagar malos ejemplos? Además, ¿cuándo ha visto uno, por ejemplo, a los líderes de este país hablando de sus calamidades familiares, de un Gustavo Pastrana, de una Dolly Cifuentes? Son cosas que se llevan con elegancia, en silencio.

Es que esto no es de “venga que acá ninguno ha cometido errores” porque errores hay en todos lados: lo importante es manejarlos para que tu pasado no se interponga en tu futuro. Yo he trabajado sin descanso para liberar a Colombia de las mafias que se aprovecharon de la juventud de mi hermano Bernardo y de su temperamento bonachón, porque Bernardo es de esas personas que no te saben decir que no. Esa vez debieron de proponerle ganarse un dinero fácil, y él cayó redondo, pobre, a pesar de que le hemos dicho que parar ganar dinero uno necesita trabajar, montar negocios de construcción, siquiera de finca raíz: al menos organizar hipotecas para que los bancos puedan ayudarles a los viejitos al final de sus vidas pagándoles una mensualidad a cambio del apartamentico, y así pueden estar tranquilos.

Los periodistas que no son mis amigos me quieren desprestigiar: es que usted no contó, me dicen. Primero que todo: yo sí les conté a las personas con que trabajé. Y lo hice por lealtad, porque si hay una persona leal, esa es Marta Lucía Ramírez… Yo les dije: Presidente Uribe, mire que un hermano tuvo esto en Miami; presidente Pastrana, ya que acaban de decir en radio que usted es una mula, venga le cuento una cosa. Y ellos me dijeron: ¡adelante, Marta Lucía, no hay delitos de sangre, más bien vaya combata al narcotráfico hasta que caiga la última gota de sangre! Y le cumplí a la patria: me metí a las regiones, en zonas donde no hay construcciones; donde todos son lotes por construir; y ordené tropas y aspersiones porque en eso soy de una sola pieza, casi como el primer apartamento en que vivimos Álvaro y yo, el de 200 metros. Aunque ese tenía más cuartos.

No pueden utilizar la involuntaria indelicadeza de mi hermano para atajar la llegada de la primera presidenta de la República a Colombia. Sí: puede ser que mi hermano haya tenido un lío en Estados Unidos. Que preferimos no contar y tragarnos ese dolor en silencio para no molestar a nadie. Que mi hermano haya convencido a unas personas de que ingirieran heroína en preservativos en un país —y no es por defenderlo— en que toda la comida tiene preservativos. Y que también se haya robado una ropa. Y en JCPenny. Pero es muy sospechoso que lo descubran justo ahora, cuando mi carrera más brilla: ¿dónde está el fiscal, más bien? ¿Por qué no dicta una orden de captura contra el hermano de Petro? ¿Es que acaso quieren que este país se convierta en otra Venezuela? ¿Por qué se fijan en el tal Memofantasma, y no en el fantasma del castrochavismo?

De malas. Habrá Marta Lucía para rato. Como dije en Twitter, ¡a mí sí me importa que los altos funcionarios aparezcan compartiendo en fotos con narcotraficantes! ¡Dejen quietas esas fotos en el álbum familiar! Y dejen de juzgar a mi hermano, ¡qué atenido!: que ha tenido unos días tan largos como dicen que son mis declaraciones.

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