EN EL 2024
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Por Daniel Samper Ospina

Al fin llegó el día: hoy es mi turno de vacunación. Lo vengo esperando desde hace más de tres años, cuando llegaron las vacunas e Iván Duque las recibió en el aeropuerto con una banda papayera. Para esa época, lo recuerdo bien, un tal Ruiz, que no había sido reemplazado todavía por Diego Molano, era el ministro de Salud y había diseñado un plan de vacunación riguroso que en un inicio no despegaba: al igual que el avión que iba a traer el resto de vacunas, precisamente. Por aquel tiempo el gobierno decidió nombrar a Didier Tavera como ministro del Interior y alto comisionado para la Contratación Pública: único funcionario con dos títulos, muy al contrario del actual ministro de Educación, el doctor Ernesto Macías, que no tiene ni siquiera uno. Pobre.

Eran otras épocas, claro. En aquel año, el propio doctor Tavera apenas ambientaba la idea de que Duque prolongara su periodo por dos años más, cosa que en aquel momento parecía un chiste. Algunos nos burlábamos, incluso, pero la cosa se volvió seria cuando el presidente la negó, precisamente. Al mes, la diligencia estaba hecha. Fue ese mismo año en que el ICBF cambió su nombre por el de Instituto Colombiano de Máquinas de Guerra, como se conoce hoy en día, y nombraron como directora a la ex vicepresidenta Martha Lucía Ramírez para que su cargo pudiera ser ocupado, a su vez, por María Paula Correa, la actual segunda del gobierno. Después del doctor Uribe, se entiende. El tercero viene siendo el presidente Duque. Aunque para algunos resulte de quinta. Pero eso no se puede decir en voz alta. Porque lo vuelven a uno un ocho.

Por aquel entonces el gobierno acababa de lanzar su plan de ayuda financiera para medios, del cual resultaron únicos beneficiados RCN y Semana. Vicky Dávila aún trabajaba en aquella revista, no había lanzado todavía su primer LP de rancheras. Y cualquiera podía informarse a través del internet, porque en ese año aún era de acceso libre y Hassan Nassar no había ordenado restringirlo para que la gente dejara de echarle en cara sus trinos del pasado, como uno del año 2008 en que dijo: “Solo a un tirano se le ocurre prolongar su periodo dos años más estando en el poder”. Por fortuna, el canal RCN anunció que volverá a repetir Betty la fea y de ese modo podremos matar el tiempo.

Pero me desvío: el plan de vacunación no despegaba y en ese momento llegaban vacunas de todas partes y el Estado tuvo que alquilar bodegas para guardar semejante cantidad. Guardaron algunas incluso en las bodegas uribistas, que son enormes y frías, semejantes a ultracongeladores.

En una estrategia lenta, pero sostenida (aunque no tan sostenida como la propia ex vicepresidenta Ramírez), el gobierno alcanzó a vacunar entre el 2021 y el 2023 a la población de alto riesgo, redefinida por el presidente en persona en su programa Prevención y acción. Los prioritarios eran miembros de la tercera edad subjúdices que calzaran crocs; adultos con canas, reales o falsas (salvo que hicieran parte del movimiento Dignidad); personas obesas, siempre y cuando llevaran casos penales del uribismo; individuos que supieran montar en cuatrimoto; caballistas; todos los miembros del hoy llamado Polo Polo Democrático y egresados de la Universidad Sergio Arboleda.

Evacuar esa lista fue dispendioso y por un momento pensé que mi turno jamás llegaría, pero mírenme acá, en esta mañana gloriosa de 2024. Por fin una buena noticia en medio de los titulares de hoy: la toma de Mitú por parte de la disidencia de las FARC; la derrota de la selección Colombia en las eliminatorias para el mundial de Canadá (se sabía que el Bolillo Gómez no debía reemplazar a Reinaldo Rueda, despedido tras su fracaso en la clasificatoria para el mundial de Catar); el anuncio del canciller Armando Benedetti de que Maduro sigue con las horas contadas: ya lleva 52.590 desde que Duque lo anunció, por allá hace seis años, para burlas de toda la región, incluyendo el recién elegido Lula Da Silva, que bromeó al respecto hace dos días, en el funeral de Pepe Mujica.

A veces piensa uno que tuvo razón la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, de dejarlo todo para largarse a vivir al campo con su muñeca, como lo hizo hace dos meses. Es que uno ve a los hermanos Galán todavía pidiendo la personería jurídica, uno ve a Fajardo publicando fotos de platos, esta vez con comida; uno escucha las declaraciones de la ministra de defensa, Karen Abudinen, justificando bombardeos, y dan ganas de huir.

Pero así son las cosas en esta época. Hoy mismo el presidente Uribe advirtió que debíamos tener cuidado con el 2028 porque nos podríamos convertir en otra Venezuela, con caudillos que no sueltan el poder. Lo dijo en la presentación de un libro en el Centro de Memoria Histórica titulado Primer informe sobre la persecución al presidente Uribe. Dijo que había que votar por su hijo, el senador Tomás, o en su defecto por Luis Alberto Moreno, aunque tenga talla de máquina de guerra.

El presidente Duque, por su lado, advirtió ayer en la emisión de su programa que como se acerca el séptimo pico, siguen prohibidas las marchas de protesta.

No importa. Por hoy, nada me quitará la dicha de recibir la vacuna: ni siquiera que ya no se consiga el disco de Vicky Dávila. Ni siquiera que el coronavius haya sido erradicado del planeta hace un año.

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