URIBE BABY
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Por Daniel Samper Pizano

La derecha está madurando apresuradamente a Tomás, hijo de Álvaro Uribe, para que ocupe la vicepresidencia ahora o presente su candidatura presidencial después.

España, mi segunda patria, es un país fascinante, pero uno de sus más lamentables defectos es el poco cariño por ese hermoso idioma nacido en sus campos hace mil años. En Colombia, mi primera patria, vamos lamentablemente por el mismo camino. Eso explica que los industriales de la comida hayan resuelto extranjerizar nombres clásicos de platos milenarios por razones publicitarias. De esta guisa –o, mejor, de este guiso— las tradicionales habitas tiernas se venden hoy como habitas baby y los brotes que devoraba Popeye, como espinacas baby. Es lo mismo de siempre, pero con un falso y cursi barniz de novedad.

Me han venido a la cabeza los vegetales publicitariamente reprocesados porque veo que la receta se aplica también a la política. Desde hace meses está en marcha una campaña para vendernos a Tomás Uribe Moreno, hijo mayor del Presidente Eterno, como inminente sucesor vicepresidencial dentro de pocos meses y/o posible candidato a la jefatura del Estado dentro de pocos años. Él y su hermano Jerónimo despertaron mis simpatías cuando, casi adolescentes, gastaban los veranos vendiendo corroscas en las playas españolas mientras otros niños ricos de Medellín se bronceaban en Cartagena y Miami Beach. Impulsados por el ancestral mandato paisa de la ganancia, Tom y Jerry prosiguieron su carrera de negociantes prematuros: eso que hoy llaman emprendedores. Crecieron. Progresaron. Se enriquecieron. Pasaron de la venta ambulante de sombreros aguadeños a la exportación de artesanías, y de allí a ejecutar polémicas piruetas de finca raíz con zonas francas.

He seguido de lejitos su trayectoria como empresarios prósperos y me intranquilizaba pensar que, en algún momento, y siendo hijos de quien son, les diera por saltar a la política. Siguiendo lo que predicaba Eduardo Santos, estoy convencido de que los hombres de industria deben mantenerse lejos de los asuntos de Estado y de la propiedad de medios de información y, tesis que confirma de manera dramática y contundente el devastador ejemplo en la política gringa de Donald Trump, arquetipo del multimillonario audaz. En cuatro años de abuso del poder en beneficio propio y de otros grandes capitalistas dividió al país, atropelló las leyes, casi liquida al partido conservador (lástima: no lo logró), desatendió la letal pandemia, sacudió al mundo y sumió a Estados Unidos en una crisis moral y política de la cual solo saldrá con enormes esfuerzos y el transcurso de los años.

Por eso era de agradecer que Tomás se confesara empresario sin intereses políticos. Es verdad que resultaban sospechosas sus ocasionales declaraciones partidistas, pero uno creía que eran efecto plausible de su solidaridad con el taita. Mas ya es imposible no escuchar los pasos del animal grande que pretende instalarnos a su cachorro. Dado el inventario de personajes mediocres que ocupan la despensa del Centro Democrático, y ante el peligro electoral de una izquierda unida, el partido está inventándose al Uribe baby. Se trata de ofrecer un producto renovado que en realidad es lo mismo de antes: la misma mata nutrida con el mismo abono… solo que sus frutos se maduran y conservan de modo artificial. Cuando el heredero concede extensas declaraciones a la empresa periodística que lo promueve, tras su sonrisa de buen muchacho se asoman ganas de desquite y una dosis de veneno para cada rival. Es digno legatario de las viejas habas.

Tenía razón el papá del baby cuando advirtió: ¡ojo con el 2022! Y ojo también con la silla vicepresidencial, que quedará vacía dentro de pocas semanas. Es posible que desde allí nos sonría pronto este emprendedor de 39 años al cual, supuestamente, no le interesaba la política.

¿Quién prueba a los que prueban?

Médicos, enfermeros y personal sanitario han muerto luchando contra la pandemia. Ciudadanos pasan hambre. Empresas se quiebran. Pero sería interesante saber qué sectores se han beneficiado y si se justifica su beneficio. Circula información según la cual los laboratorios dedicados a practicar pruebas del COVID están amasando un gran negocio. Su concurso es indispensable y digno de agradecer. Pero conviene preguntar si los altos precios que cobran son abusivos, sobre todo cuando en muchos países es un servicio gratuito; también si todos los que lo prestan lo hacen de manera científica y cuidadosa. Me consta de falsos positivos hechos a la carrera y en forma poco rigurosa que sembraron la alarma en familias sanas y causaron enormes y costosos trastornos. ¿Quién controla a los laboratorios irresponsables? ¿Quién revisa sus tarifas, a menudo escandalosas?

Virus y racismo

Hablando de vacunas, es bueno que los políticos colombianos que añoran a Trump conozcan el maltrato que sufrieron en los últimos años negros y latinos en las metrópolis racialmente mezcladas. Revelaciones recientes muestran que, al comienzo de la pandemia, negros y latinos contagiados murieron a una tasa que dobla la de los blancos. Estos, que son un tercio de la población neoyorquina, se beneficiaron con el 48 % de las vacunas, mientras a los latinos (29 % de la población) aplicaron el 15 % y a los afroamericanos (25%) apenas el 11 %. Semejante diferencia, por supuesto, se refleja luego en las cifras de enfermedad y muerte. ¿Por qué no comentan estos los jefes del uribismo, que se la jugaron a favor de Trump (y por ende contra de los inmigrantes), como lo confirma la congresista extremo-conservadora y cubano-floridense María Elvira Salazar?

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