SOBRE HÉROES Y TUMBAS
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Por Daniel Samper Pizano

La pandemia ha degradado tantas cosas… La vida, la salud, el empleo, la movilidad, los estudios, los prestigios y hasta el lenguaje, agravio irrecuperable porque degrada también los conceptos y las ideas. Lean, si no, el siguiente trino de la secretaría de Desarrollo Económico capitalina: “Pepsi se puso la capa de héroe y se suma a la donatón de la alcaldía de Bogotá para llevar alimentos y bebidas a las poblaciones más vulnerables …”.

Empecemos por blindar la palabra héroe. En el infierno que nos ha tocado padecer solo hay héroes y heroínas en el sector de la salud. Ellos son los que exponen la vida por salvar la de sus semejantes. Gracias a estos héroes no tenemos más tumbas. Después vienen los demás especímenes: los que cumplen activamente con su deber, los que respetan las normas sociales, los que se cuidan a sí mismos, los irresponsables y los vándalos. También quienes se benefician beneficiando. Como Pepsi y otras marcas semejantes, que favorecen a los demás, pero permanecen muy atentas a favorecerse ellas. Regalan, pero salen en la foto. Obsequian, pero el obsequiado debe dar las gracias en público. Quizás sea una práctica corriente, mas en ningún caso merecedora de medallas. Por el contrario. Donar de manera ostentosa artículos que la medicina señala como peligrosos para los infantes no es un gesto de generosidad sino de aprovechamiento de las circunstancias.

La Red PaPaz, entidad que ha hecho importantes campañas en favor de los derechos de los niños, informó hace pocos días a la Procuraduría que ciertas empresas, aliadas con el Estado, otorgan “cuantiosas donaciones en especie de productos comestibles ultraprocesados que se oponen a la garantía de una alimentación y nutrición saludable”. Particularmente, sobra decirlo, en tiempos tan duros como los que vivimos. Se trata de la denominada comida chatarra, enemiga de lo que prescriben organismos internacionales de nutrición y el propio Ministerio de Salud, que en abril de este año, ya empandemiados, recomendó lo siguiente: “Disminuir el consumo de alimentos procesados, tales como productos empaquetados, gaseosas, leches industrializadas destinadas al consumo de niños y niñas menores del año u otros envasados que usualmente son altos en sodio, azúcar y grasa saturada”. Y exige “una alimentación mucho más natural, porque la de paquetes nos puede llegar a enfermar”.

Los paquetes más peligrosos son los que buscan reemplazar la leche materna con leche en polvo, y así privan al niño de nutrientes y anticuerpos que solo puede transmitirle la mamá, lo exponen a teteros preparados con aguas infectas y esclavizan la familia a estos bienes de elevado precio. Muchas veces la intención comercial es aún más peluda. Con motivo de la pandemia, por ejemplo, la firma Enfagrow regala a las mamás de Tumaco una bolsa de leche en polvo por cada unidad del elemento que compren con tal propósito las buenas señoras urbanas en los supermercados. La promoción se anuncia intensamente, pese a que está vedada desde 1992 la publicidad de “alimentos de fórmula para lactantes”. También se prohíbe que productores y comerciantes ofrezcan muestras gratuitas de estos enlatados a las madres pobres. Pero el Covid 19 da para todo. Por eso Red PaPaz denuncia “las malas prácticas de la industria de productos sucedáneos de la leche materna, que en particular aprovechan las crisis humanitarias para ampliar sus mercados”.

Las conspicuas donaciones de gaseosas con azúcar son un regalo envenenado y una fuente de demagogia fácil; tan fácil como la publicidad que logran. La FAO y el gobierno rechazan estas bebidas porque no nutren y producen obesidad y otros males. Pero ahí saltan los defensores de oficio y de pago: ¿Cómo negar al sediento una gaseosa regalada? ¿No es mejor Pepsi conocida que agua por conocer? ¿Quién se opone al óbolo misericordioso de los héroes de la comida basura? ¿Quién no lo agradece? Un reciente estudio de la Universidad de Harvard tiene la respuesta: “Existe una doble moral (…) al creer que la gente con menos recursos debería conformarse con menos, incluso si perjudica su salud o seguridad”. Las empresas que quieran colaborar de verdad deben ofrecer productos que ayuden a los consumidores. Agua envasada; no agua con colorines y azúcar. Bebederos públicos higiénicos. Y si no, fondos para que las comunidades adquieran lo que realmente necesitan. La meta ha de ser lo excelente, no lo menos malo. Los colombianos sabemos que el camino de mejor-es-malo-que-nada conduce al reino de la mediocridad y la corrupción en el que habitamos.

Una misión para la vicepresidenta

Nadie sabe qué hacer con la vicepresidencia, y por eso a la exministra de Defensa Martha Lucia Ramírez le cuelgan funciones como guirnaldas. Ninguna es indispensable: asesorar, coordinar, presidir, coadyuvar… Si quieren que gane real importancia, libérenla de tanta bagatela y dedíquenla, con el apoyo necesario y de tiempo completo, a dirigir y coordinar la protección de los líderes sociales y exguerrilleros y a velar por que se investiguen y castiguen los crímenes de que son víctimas. El Gobierno no puede seguir indiferente ante la incesante matanza de valerosos e indefensos ciudadanos del común, mucho más merecedores del título de héroes que la Pepiscola.

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