LOS ARCHIDUQUES
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Por Daniel Samper Pizano

El prefijo archi indica, según el Diccionario, “preminencia o superioridad”. Así, la archidiócesis está por encima de las diócesis y una persona archifamosa es sumamente tal. En la Colombia actual, los archiduques vienen a ser ciertos funcionarios que, aunque dependen de Duque, se creen más poderosos que él y pretenden demostrarlo.

El estudio morfológico de los archiduques detecta curiosas características. Primera: exhiben currículos asfixiantes, que no son hojas de vida sino hojarasca salpicada de estudios, tesis, grados y cargos nacionales e internacionales. Es obvio que nadie presenta un resumen de cualidades donde no proliferen los superlativos: un vendedor de aguacates por altavoz se convierte en Auxiliar Comercial de Audiomercadeo. Lamentablemente, los matorrales de diplomas no permiten calibrar lo esencial, que es el criterio con que va a ejercerse un cargo: lo que en el arte de elevar cometas se llama “peso en la cola”. Segunda: en varios de estos currículos se asoma la muy conservadora Universidad Sergio Arboleda, alma mater del presidente Duque, que marca la tendencia reaccionaria del clan y explica la rasquiña religiosa que los lleva a invocar el amparo de Vírgenes y santos.

Tercera característica: la plana mayor del Estado ha sido copada por un parche de amigos de Duque, condiscípulos suyos o compadres de antigua data. ¡Viva la amistad! No hay como los amigos para festejar, celebrar, jugar, condolerse o hacer travesuras. Pero los cargos de manejo de una nación no son una parranda fraterna sino algo mucho más digno y complicado. Alguien me explicaba que Iván Duque vivió mucho tiempo en el exterior y, al volver, cayó bajo el control del Presidente Eterno, de modo que carecía de suficientes nexos y dominio del medio como para escoger personal de fuentes más amplias. Así, cuando tuvo la posibilidad, se inclinó siempre por retratos del álbum del Eterno o por sus amigos y favorecedores, rasgo típico de la persona insegura. Un ejemplo: le presentaron los currículos de 82 candidatos para la Superintendencia de Industria y nombró a Andrés Barreto, su abogado personal y viejo cuate. Otros funcionarios, recomendados o heredados, son figuras peculiares: algunas callan, callan, callan, o leen, leen, leen, como la canciller; otras hablan, hablan, como la vicepresidenta, y unas más tarzanean de cargo en cargo, como Carlos Holmes Trujillo, a quien, lo digo por bioestética, el tapabocas le cubre ya hasta los ojos y no le permite ver.

Esta jugosa hermandad puso una entidad clave de control institucional, la Fiscalía, en manos de un antiguo compañero de pupitre del jefecito, Francisco Barbosa, cuyo primer instinto es proteger al amigo. Pero lo más grave es que la tribu no cree en impedimentos, ese sano seguro de vida de la ética, y sí en la acción inmediata. Por eso cuando cometió una pequeña infracción la alcaldesa Claudia López, a quien ve como enemiga, el Fiscal voló a abrirle investigación penal. Igual procedió contra otro “adversario”, Gustavo Petro, a partir de una acusación sin fundamento. Mientras tanto, poco sabemos de los asesinos de líderes sociales o la financiación irregular de la campaña presidencial. Se comprende, entonces, que, en la misma semana cuatro columnistas y un editorial de El Espectador tachen a este funcionario de “poco confiable”. Qué mala pata: salimos por fin de Néstor Humberto y caímos en Barbosa. El cual, además, organizó con el contralor Pipe Córdoba un intercambio laboral de parejas por el cual él nombró secretaria general de la Fiscalía a la esposa de Córdoba, y este designó a la mujer de Barbosa contralora para el Medio Ambiente. Nepotismos cruzados. ¿No hay más colombianos calificados? Otro que ataca a la voz de ¡ar! es el SuperIndustria, dispuesto a cumplir las instrucciones presidenciales provocadas por prurito personal contra cierto colega y vecino homónimo. Pero en este asunto no me meto, porque yo sí creo en los impedimentos.

La pasarela de archiduques quedaría incompleta sin el Alto Comisionado (contra) la Paz, que, muy risueño, logró la “hazaña” de venderle a Washington la piel de Cuba. Debería saber que La Habana es leal aliado y durísimo rival. Pregúntele a Estados Unidos. Su maniobra crea un serio problema al país y deteriora aún más la estabilidad de la región. Ya se le pasará la sonrisa y, si la Virgen de Chiquinquirá nos asiste, no tendrá a Trump para consolarlo. Temamos a quienes aterrizan golosos de poder y faltos de recato y prudencia. Para ellos todo es posible y las incompatibilidades no existen. Tuvimos un anticipo de la laxitud oficial cuando el nuevo jefe del Ejército debutó con una elegia a Popeye sin que su superior, el presidente, se atreviera a reprenderlo. Ahí se vio la peligrosa elasticidad del caucho que ahora elevó al hijo de Jorge 40 al rango de vocero de víctimas.

Esquirlas. Reconozco los esfuerzos del Gobierno por afrontar el sunami del virus. Lástima que el asesor de Tele Duque haya hecho de este programa un espacio acrítico con 20 por ciento de información y 80 por ciento de propagada y mutuos elogios. Cuando don Iván anuncia una “pedagogía” ya sabemos que está próximo a desgajarse otro duchazo laudatorio. Lo terrible es que, pocos minutos después, los noticieros volcarán toneladas de realidad sobre el jardín florido…

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