LA VIRGEN SE RETIRA DE LA VIDA PÚBLICA
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Por Daniel Samper Pizano

Estimado don Samper:

Aunque me alertan sobre su frialdad religiosa y sus feas tendencias políticas, pienso que no puede ser tan malo quien acolitó misas en latín a monseñor De Brigard. Soy la Virgen de Chiquinquirá, y lo escogí a sumercé para que informe en losdanieles que he decidido retirarme de la vida pública y regresar a la paz de mi tierrita natal.

Mi decisión se debe a que en mi larga historia no había conocido época tan feróstica como la de los últimos meses, cuando al dotor Iván Duque le dio por presentarme en televisión y encargarme que remediara un problemita viral que lo colocaba nervioso. Tal vez sumercé sepa, porque harto ha escrito sobre Chiquinquirá, que mi vida no ha sido fácil. Me pintó un joven español en Tunja en 1562; me botaron en una capilla húmeda; me trasladaron a Chiquinquirá en 1574; me abandonaron en un zarzo hasta que una campesina –parecida a Nairito Quintana, por más veras– me rescató, sacudió las cagarrutas de ratón, restañó la tela, reparó el marco y colgó el cuadro. Está visto que toda mujer, hasta una campesina humilde como yo, trata de lucir limpia y decente. Así hice, y eso fue pa’ risas: cuando me vieron los cachetes con colores, el manto despulgado y las alpargatas limpias hablaron de un milagro y empezaron a venerarme. Eso era oraciones pacá y misas pallá. ¡Y pidan! Que por un enfermo, que plata, que amores, que interceda ante San Isidro, que le ruegue a mi Hijo…

Yo hice lo que pude y agarré fama. Aquí venían a visitarme y cantarme con tiple y bandola los promeseros, gente inocente y querida por la cual me habría hecho matar. Pero luego los políticos y los jerarcas de la Iglesia me fueron cogiendo confianza. Eso me alzaban, me sofocaban en incienso, me paseaban en andas y me alejaron de los indios, que son mi verdadera gente. En la guerra de Independencia los patriotas me cargaban en las batallas, haga de cuenta que hubiera yo bajado a pelear, no a proclamar el amor. Y como los chapetones también me adoraban, el que vencía en el tiroteo me secuestraba y me afiliaba a su secta. En abril de 1816 los patriotas me llevaron en guando a Cáqueza, perdieron la batalla y regresé a la capital en hombros de los españoles victoriosos. Ahí fue cuando me acusaron de voltiarepas y sumercé mesmo, no lo niegue, escribió que yo cambiaba de bando como cualquier representante a la Cámara. No entendían que todos son mis hijos y que no puedo andar escogiendo partido. Tuve tratos con dos Papas y también conocí presidentes, ministros, reinas de belleza, políticos… todos promeseros, pero de los que incumplen.

En 1919 un presidente godo me coronó Reina de Colombia…. y aumentaron mis desventuras. Porque me expidieron carné, y un siglo después siguen creyendo que soy militante de su partido. Convencido de eso, el dotor Iván me bajó del altar, me enjarretó en internet y me encargó dizque de defender a los colombianos de la pandemia. ¡Moco de pisco, don Samper! Es como decir “traigan a la vieja, a ver si ella consigue lo que no logran los mayores científicos del mundo”. Yo no puedo hacer milagros, sumercé: yo solo intercedo, intermedio, soy litigante, como ahora dicen: pido cosas a mi Hijo y a Papá Lindo, y ellos se las arreglan y deciden. A ver cómo no…

De Reina de Colombia pasé a reina de burlas. Hasta las columnistas godas hacen chistes con yo, pa’ no mencionar los monachos insultantes que patonean por las tales redes. Para pior, la vicepresidenta alinea a la Virgen de Fátima. ¿Y eso pa qué, señora? ¿Envidia o caridad? ¿Ayuda o competencia? Era como proclamar: esta no pudo, ái les traigo otra mejor. No se imagina lo que me dolió. Me hizo hasta berrear. Después don Duque me metió en líos con las autoridades, y terminé pleitiando en un tribunal de tierra caliente por vainas de una tutela. Yo me callé la jeta para no abochornar a mi familia, pero sucede que esta semana los señores obispos se dejaron enredar en el asunto y siete de ellos, todos boyacáes, se quitaron la mitra, brillaron el báculo y se fueron a enseñarles a los magistrados cómo deben interpretar la Constitución. Decían que la sentencia del tribunal “corrobora la descomposición que se respira en círculos del poder”, “aumenta la polarización” y “borra las fronteras entre el bien y el mal”. Ay, don Samper, si ellos supieran lo que yo sé sobre el bien y el mal no saldrían con semejante birria.

Yo así no puedo. Repito mil veces: no soy militante política, ni jurisperita; ni siquiera voto. Cumplo lo que señaló mi Hijo “A Dios lo que es de Dios y a César lo que es del César”. Enteco favor me hizo el dotor Duque. Acabé con el obispero alborotado y convertida en turmequé de burlas y litigante de baranda. Soy una mujer del campo que solo quiere servir a sus paisanos. No dejante mis antecedentes, no crean que soy caída del zarzo. Hasta aquí llegué, berriondos. Les devuelvo sus oropeles. No más manoseo, no más garroteras por cuenta mía, no más demagogia. Regreso a mi casa, donde soy símbolo popular y no arma política. Allá lo espero, don Samper. No se arrepentirá. Podrá llevar de regreso a Bogotá vara y media de longaniza de Sutamarchán, arepas de Ventaquemada y envueltos de mazorca del Puente de Boyacá. Yo pongo changua y tiple y juntos cantamos el cuchipe. ¿Conoce la nueva versión de “A Chiquinquirá me vuelvo”?

Esquirla: ¿Se enloqueció Duque? Llamar al gobierno gringo para que presione públicamente a la Justicia colombiana ya no es de mediocres sino de enajenados.

Advertencia: Este columnista informa una vez más que no utiliza Twitter. Así, pues los trinos que están circulando con mi firma son todos falsos.

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