URIBE VS. URIBE
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Los magistrados tienen que establecer si tenía razón el Uribe de 2018, que sostenía que la Corte debía mantener la competencia a pesar de su renuncia, o si la tiene el Uribe de hoy, que busca escapar de su jurisdicción para escoger su propio juez.

Por Daniel Coronell

El coordinado ataque político y mediático contra la independencia judicial demuestra que la medida de aseguramiento contra el expresidente Álvaro Uribe no solamente es necesaria, sino que se queda corta. El hombre más poderoso de Colombia no ha ahorrado esfuerzo para desprestigiar y cubrir de oprobio a la Corte Suprema de Justicia y en especial a los cinco miembros de la Sala de Instrucción que –después de meses de cuidadosa evaluación de las evidencias– concluyeron que debían ordenar la detención domiciliaria de quien ha sido un intocable.

Anoche, a la hora de cerrar esta columna, los danieles tuvieron acceso a un documento que va a alterar más al expresidente.

Se trata de una decisión de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema fechada el 14 de agosto, es decir cuatro días antes de su renuncia al Senado. Allí la Corte señala la existencia de una actuación previa contra el senador “por hechos relacionados con los delitos de concierto para delinquir, homicidio agravado, secuestro, desplazamiento forzado y conexos declarados como Crímenes de Lesa Humanidad”.

El documento de 71 páginas, que ustedes pueden leer completo en losdanieles.com, hace alusión, entre otros crímenes, a dos masacres ocurridas en San Roque (Antioquia) en 1996, a la masacre del corregimiento de La Granja en Ituango el mismo año y a la masacre de El Aro, también en Ituango un año más tarde. Así mismo al asesinato del defensor de derechos humanos Jesús María Valle, quien reclamaba investigar la relación entre autoridades y grupos paramilitares en la zona de las matanzas cuando Álvaro Uribe ocupaba la gobernación de Antioquia.

Como parte de la decisión, el expresidente Uribe fue citado para rendir versión libre y espontánea el próximo 16 de septiembre. Sus abogados están tratando de presentar esta determinación como un acto de persecución de la Corte. Lo cierto es que la petición de efectuar la versión libre vino de la defensa.

Una parte de los hechos investigados como la conformación del llamado bloque metro de las autodefensas -en la que el testigo principal Juan Guillermo Monsalve menciona a Álvaro Uribe y a su hermano Santiago como fundadores- se toca con el proceso por soborno de testigos y fraude procesal que hoy tiene al expresidente detenido, aunque haciendo lo que le provoca.

Las pruebas indican que, prevalido de su condición de legislador y jefe político, ha interferido con la justicia de varias maneras. Entre otras, aprobando la oferta de favores jurídicos a testigos dentro de su proceso. Hay grabaciones que demuestran que ordenó proceder para que su mandadero de cárceles, Diego Cadena, le ofreciera la presentación gratuita de un recurso jurídico al testigo Juan Guillermo Monsalve y tramitara en la Fiscalía asuntos de interés del testigo comprado Carlos Enrique Vélez.

El lugar de detención, escogido por el senador Uribe, es la Hacienda El Ubérrimo. La cruel prisión que Uribe quiere pintarle a sus aliados en Estados Unidos tiene 1.500 hectáreas. Una superficie 208 veces más grande que la Casa Blanca con sus jardines y anexos.

El embajador en Estados Unidos, Francisco Santos, sin ningún recato ha usado su cargo para hacer lobby a favor de su jefe político. Debería poner el mismo empeño en pedir el retorno a Colombia del paramilitar Salvatore Mancuso o en explicar sus encuentros con el imputado Diego Cadena.

Varias cámaras de seguridad, cuyas imágenes hacen parte de la investigación judicial, muestran la llamativa reunión en una rampa de estacionamiento del Hotel Tequendama, entre Cadena y un hombre bajito de vientre prominente, saco oscuro y pantalón amarillo, según reporte de los investigadores. Una interesante secuencia de la que seguramente se hablará en el juicio al abogado.

Volvamos a El Ubérrimo. Desde allí, el expresidente Uribe abrió fuego contra la Corte Suprema y de paso rompió un récord mundial: una entrevista de 2 horas y 38 minutos en vivo. Ni Fox News, la cadena de la ultraderecha en Estados Unidos, le ha dado tanto tiempo a Donald Trump.

No hubo una sola pregunta difícil. Uribe cómodamente pudo calificarse de secuestrado, y por ende criminalizar como secuestradores a los magistrados que ordenaron su detención. Lo mínimo que dijo de los altos jueces, que estudian sus presuntas conductas delictivas, es que lo hacen como un “procedimiento mafioso”.

Ninguna voz defendió la independencia judicial, ni hizo énfasis en los elementos de la investigación, ni lo contradijo cuando afirmó que lo habían condenado cuando realmente lo que hay es una medida de aseguramiento. El reportaje no logró una sola noticia, pero Uribe pudo ejecutar a sus anchas la operación de exterminio moral contra sus investigadores.

Esa misma semana, en el canal Caracol, el abogado Jaime Granados complementó la labor de su mandante contra los magistrados. Tampoco hubo contrapreguntas. Esa entrevista estuvo a cargo de María Camila Orozco, que antes de fungir como reportera de ese canal fue la jefe de prensa de Granados y dedicaba parte de su tiempo a publicar trinos ofensivos, para enlodar a los contradictores de su jefe. Los televidentes no fueron advertidos de esas circunstancias.

Mientras tanto y procediendo en estricto derecho, la Sala de Instrucción de la Corte Suprema le había pedido al presidente del Senado, el cantante Arturo Char, la suspensión del asegurado senador Uribe. Para completar el requirimiento es necesario el visto bueno de la comisión de ética del Senado, de la cual hace parte, entre otros faros morales, el senador Eduardo Pulgar, procesado por tratar de corromper a un juez.

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El trámite empezó a paso de tortuga, quizás porque el presidente de la comisión de ética, el senador Santiago Valencia, estaba ocupado presentando un improcedente habeas corpus contra la detención domiciliaria de Uribe.

En inocultable contraste, la carta de renuncia de Uribe al Senado fue tramitada en tiempo récord. Nunca Arturo Char había sido tan rápido, por lo menos en público. Minutos después del envío, la renuncia fue aprobada por 82 votos contra 12.

Hace dos años, más o menos por estas fechas, Uribe había renunciado al Senado cuando una sección distinta de la Corte Suprema, la Sala Penal, lo había llamado a indagatoria por presuntamente incurrir en los mismos delitos de manipulación de testigos. Después de presentar la renuncia, le ordenó al entonces presidente del Senado Ernesto Macías que la “retuviera sin considerarla”

En esa época, Uribe aseguraba que no renunciaba para escapar de la Corte Suprema. Sostenía: “La acusación sobre testigos que me hacen la basan en hechos realizados a tiempo que ejerzo como senador, lo cual mantiene la competencia de la Corte”.

Los magistrados de la Sala de Instrucción, que en silencio han resistido las embatidas contra la verdad y contra su honor, tienen que establecer si tenía razón el Uribe de 2018, que sostenía que la Corte debía mantener la competencia a pesar de su renuncia, o si la tiene el Uribe de hoy, que busca escapar de su jurisdicción para escoger su propio juez.

P.D: El presidente Iván Duque ha negado que los señores José Guillermo ‘el Ñeñe’ Henández y su hermano el Goyo hayan tenido vínculos con su campaña, como lo han denunciado los periodistas Julián Martínez y Gonzalo Guillén en La Nueva Prensa. Pues bien, conocí este video inédito grabado en abril de 2018, en plena campaña electoral, donde se ve al hoy presidente Duque usando el teléfono celular del Goyo para decirle a alguien al otro lado de la línea: “Sí, aquí estoy hablando con Goyo, de hecho acá se lo voy a pasar para que cuadremos entonces ahí. Le mando un gran saludo”.

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