LA OFICINA
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La mayoría de los testigos a favor de Álvaro Uribe tienen alguna relación con “La Oficina de Envigado”.

Por Daniel Coronell

Hay una nueva sorpresa en el casi cómico proceso que adelanta la Fiscalía General contra el expresidente Álvaro Uribe por los presuntos delitos de soborno de testigos y fraude procesal. Y digo que el proceso es cómico porque no hay registro de ningún otro caso donde la Fiscalía se haya convertido en auxiliar de la defensa del imputado y esté buscando incesantemente desacreditar a las víctimas y testigos en contra, para favorecer la causa del personaje más poderoso de Colombia. La novedad consiste en que la mayoría de los testigos a favor de Uribe tienen algún tipo de relación con la organización sicarial, de narcotráfico y cobros conocida como “La Oficina de Envigado”.

Juan Carlos Sierra Ramírez, alias el Tuso Sierra, ahora testigo a favor de Uribe, era uno de los brazos de la oficina. Una sentencia de la sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín identifica a los jefes de la temida banda criminal: “Diego Fernando Murillo Bejarano “Don Berna”, Daniel Mejía “Danielito”, Carlos Mario Aguilar “Rogelio” y con vínculos muy estrechos con Juan Carlos Sierra Ramírez, conocido como “El Tuso””.

Ido Don Berna, Carlos Mario Aguilar Echeverri, conocido con el alias de Rogelio, un antiguo agente del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía, CTI, tomó el control de la oficina después de una cruenta guerra que pasó por la desaparición de su rival Danielito.

Lo curioso es cómo llegó el Tuso Sierra a declarar en el proceso del expresidente. Uribe ha contado que un odontólogo llamado Juan Manuel Aguilar fue a visitarlo a su finca para decirle que en un partido de fútbol aficionado, en Estados Unidos, había oído al Tuso decir que varios congresistas fueron a verlo a la cárcel para persuadirlo de que declarara contra el expresidente y su hermano Santiago. Lo que no dijo el imputado expresidente es que el odontólogo es también el hermano de alias Rogelio, antiguo jefe de “La Oficina de Envigado”.

Hace unas semanas, en una de esas declaraciones que la Fiscalía viene tomando para beneficiar a Uribe, oyó a Juan Manuel Aguilar por 57 minutos. Todo iba a pedir de boca. Le habían hecho preguntas suavecitas cuando en el minuto 50 el interrogador terminó acertando por error:

–¿Usted fue a la cárcel a visitarlo? –pregunta el fiscal refiriéndose al Tuso.

–Nunca –responde satisfecho Juan Manuel Aguilar.

–¿Usted se dirigió a alguna de las cárceles de Estados Unidos? –vuelve a preguntar el manso fiscal para que Aguilar le reitere que nunca fue a ver al Tuso a ninguna de las cárceles en las que estuvo preso, pero el testigo entendió otra cosa.

–Yo sí iba a una cárcel de Estados Unidos –afirma Aguilar.

–¿A qué? –ya, sin remedio, tiene que preguntar el fiscal.

–A visitar a mi hermano –contesta Aguilar, refiriéndose a Carlos Mario, alias Rogelio, quien se entregó a la justicia de Estados Unidos para escapar de la muerte.

–Cuénteme –pide el fiscal esforzándose por no ser demasiado agudo.

–No, él estaba detenido allá y yo fui a visitarlo allá.

–¿Se conocía su hermano con el Tuso Sierra?

–Sí, sí se conocían.

–¿Hablaba su hermano con el Tuso Sierra?

–No, no sé si hablarían.

–¿Y el Tuso era independiente…–intenta el fiscal una pregunta, cuando Aguilar apretando los brazos nerviosamente cruzados lo interrumpe.

–Totalmente independiente…Totalmente independiente…

Ni tan independiente. La mencionada sentencia del Tribunal Superior de Medellín incluye un organigrama de “La Oficina” que muestra que Carlos Mario Aguilar era uno de los duros de la organización y señala además los enlaces con el narcotráfico. El documento judicial establece que son “datos suministrados por Juan Carlos Sierra”.

Entre esos enlaces de “La Oficina” con el narcotráfico aparece Miguel Ángel Mejía Múnera, alias el Mellizo. Y aquí surge una nueva coincidencia: La antigua fiscal Hilda Jeanette Niño, otra de las testigos a favor del expresidente Uribe, fue condenada a cinco años de prisión por recibir sobornos precisamente de Miguel Ángel Mejía Múnera. La justicia tiene pruebas de que la fiscal aceptó al menos 245 millones de pesos y dos camionetas, como lo reveló la Unidad Investigativa del diario El Tiempo. El Mellizo y enlace de “La Oficina” le debía todavía 200 millones cuando la detuvieron. (Ver vínculo)

Pero ahí no acaban las casualidades. Tres reclusos de la cárcel de Cómbita dieron declaraciones escritas a favor de Uribe que contienen el mismo error en el orden de los apellidos de una persona y que sospechosamente están escritas con idéntica letra. La letra es de Ángela López, quien dice haberlo hecho como un favor a Diego Cadena. Sin embargo, es notorio que la buena samaritana es la abogada de Hernán Darío Giraldo Gaviria, alias Cesarín, quien –adivinen– fue el jefe supremo de “La Oficina de Envigado” tiempo después de que Carlos Mario Aguilar se entregara a la DEA. La señora López reconoce además que tiene “una amistad” con alias Cesarín.

A pesar de su resonancia pública el caso contra el expresidente Uribe por incurrir presuntamente en los delitos de soborno de testigos y fraude procesal, es solo un proceso menor. El tema de fondo son las acusaciones provenientes de testigos que han reiterado por años que el llamado Bloque Metro de las Autodefensas empezó en la Hacienda Guacharacas y que sus fundadores son Álvaro Uribe, su hermano Santiago, Juan Guillermo Villegas, su hermano Luis Alberto, alias Tubo, y los hermanos Juan Santiago y Pedro David Gallón Henao. La hacienda Gacharacas que fuera de los Uribe, después de una serie de transacciones, fue comprada por una sociedad llamada Ganados del Norte, hoy disuelta, cuyo representante legal y liquidador fue Pedro David Gallón Henao.

Y aquí surge una casualidad más: según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, los hermanos Gallón Henao son los principales financistas y lavadores de “La Oficina de Envigado”.

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