¿EL TÍTERE DE QUIÉN?
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La crisis ha sacado a flote tanto las carencias del presidente Iván Duque como su dependencia y subordinación a Uribe.

Por Daniel Coronell

Pasó el viernes en una entrevista del presidente Iván Duque con la periodista Ángela Patricia Janiot de Univision, medio para el cual trabajo. Fue un encuentro con preguntas difíciles, como deben ser las entrevistas cuando tienen propósito periodístico. En algún momento Janiot –tan amable en sus maneras, como firme en su ejercicio profesional– recordó recientes declaraciones del expresidente Álvaro Uribe, quien esta semana le había dicho a Caracol Radio:  “No hay duda que quieren tumbar a Duque o volverlo un títere del movimiento violento para producir resultados electorales el próximo año”. Después, en cómoda conversación con Semana, ratificó: “Y contestan con qué cinismo: No, es que hay que tumbar a Duque o hay que llevarlo como títere al proceso electoral”.

El válido interrogante de Ángela Patricia fue el siguiente:

–La última pregunta, presidente, discúlpeme. Varias veces lo han caracterizado a usted como un títere del expresidente Álvaro Uribe y ahora el propio exmandatario dijo que quieren llevarlo a usted como un títere al próximo proceso electoral para que ganen ellos. Decía Uribe refiriéndose al régimen chavista. A eso le están jugando, dijo Uribe. ¿Qué opinión le merece que hasta el propio Uribe se refiere a usted como un títere?

Duque, que es una persona de buenos modales y emociones controladas, mostró su disgusto ante la pregunta. Sin embargo, no manifestó inconformidad con las afirmaciones de su mentor, que es quien más recientemente ha usado la palabra títere para referirse a él, sino con la reportera que se atrevió a recordárselas:

–Me da pena Ángela Patricia y yo con el mayor respeto. Creo que es bueno que usted también me respete a mí. Yo nunca he sido títere de nadie y nunca seré títere de nadie. Yo soy el presidente de Colombia y estoy al servicio de los colombianos. Yo nunca he creído en la política que se ejerza por presiones. Y aquí hemos tenido que sortear las adversidades más grandes que ha vivido este país. La crisis migratoria más grande que se ha visto en el continente. Una pandemia que ha golpeado todo el sistema de salud. Hemos tenido que enfrentar una recesión económica derivada de la pandemia. Hemos tenido que enfrentar también circunstancias muy complejas por desastres naturales. Y siempre lo hemos hecho con el amor por este país que me ha caracterizado. Aquí no hay títeres de nadie. Aquí nosotros estamos enfrentando la adversidad y sacando a Colombia adelante. Muchísimas gracias, Ángela Patricia.

Janiot despidió la entrevista explicándole al presidente Duque la validez de su pregunta. El mandatario se levantó de la silla después de un frío “Que esté muy bien”.

Más allá del momento tenso, muchas veces inevitable en las entrevistas, es bueno ver hasta qué punto la crisis ha sacado a flote tanto las carencias del presidente Duque como su dependencia y subordinación a Uribe.

Duque, que es un hombre inteligente, sabe perfectamente que no llegó a esa silla por sus méritos sino por el poderoso dedo que lo señaló entre muchos parecidos a él. Poco antes de su elección seguía siendo un virtual desconocido para la mayoría de los colombianos.

Uribe no lo escogió porque fuera el mejor sino por ser el más obediente. Su sumisión le garantizaba que no se repetiría lo que le pasó con Juan Manuel Santos, quien se hizo elegir con sus votos y luego lo conejió buscando gobernar sin seguir sus órdenes.

Duque era durante la campaña presidencial el que menos generaba resistencia y el que mejor se prestaba para explotar el innegable miedo que Gustavo Petro despierta en una parte de los electores.

Ese gris funcionario de Washington que le redactaba los “papers” y le cargaba la maleta a Uribe, ese cantante de vallenatos con dolorido e impostado acento, ese bailarín acrobático en fiestas de tías, ese contador de golpes de cabecita en el fútbol, ese lagarto que le musitaba al rey de España que “el presidente Uribe” le mandaba muchas saludes y que lo quería mucho, resultó elegido con la votación más alta de la historia.

No tiene sensibilidad frente al dolor de la gente. Por ejemplo, el año pasado cuando los policías mataron a golpes a un ciudadano y reprimieron a tiros la protesta dejando al menos trece muertos más, Duque fue de noche a fotografiarse en un CAI forrado en una chaqueta fluorescente de policía. Así como durante este paro llegó a Cali, a escondidas, en la madrugada y disfrazado de aviador militar.

Tampoco se conmueve ante el hambre, la pobreza y la muerte, decide presentar una reforma tributaria para cargar con más tributos a los trabajadores mientras mantiene las exenciones a las grandes empresas y las zonas francas. Así podía su jefe hacerle algunos cambios y posar de redentor, reclamando que la había suavizado.

Se tiene que incendiar el país para que reconozca como interlocutores a los jóvenes que protestan, pero recibe en Palacio a los hijos de Uribe para discutir la fallida reforma. Mientras tanto ellos prosperan, recientemente inauguraron un centro comercial más, cuyo interior decidieron decorar con un avión recordando esa estética de otra época en la que una aeronave adornaba la portada de una hacienda.

Como ya le sirve poco, Uribe quiere desechar a Duque y para hacerlo asegura que quienes protestan son los que quieren volverlo un títere.

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