LA RESISTENCIA
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Por Antonio Caballero

El cuarto poder. En la Colombia de hoy, donde están sometidos al ejecutivo del inepto, pero astuto, presidente Iván Duque, tanto el legislativo de la coalición de las enmermeladas bancadas parlamentarias del gobierno, como el judicial en manos de su amigote de juventud y hoy fiscal general, queda la prensa. El llamado “cuarto poder”.

O ya casi no. Pero este portal de Los Danieles en el que escribo después de haber sido expulsado de la revista Semana, hoy convertida en vocera amarillista de la ultraderecha oficialista en manos de un banquero que vive en Miami y de una periodista gritona, este portal es uno de los últimos refugios de la libertad de prensa. La prensa solo es útil cuando es libre. Cuando está dirigida por la autoridad oficial suele ser nociva, como lo hemos visto aquí desde hace dos siglos, cuando estuvo sometida al presidente general Santander que la escribía casi toda personalmente.  Y en la Colombia actual, donde el gobierno del inepto pero astuto presidente Iván Duque acaba de anunciar la creación de un noticiero oficial de radio y televisión, sumado al programa diario del propio presidente, lo que se necesita es libertad y pluralidad de prensa. Para criticar lo que hacen los poderes públicos, además de para informar sobre lo que sucede: si un hombre muerde a un perro, etcétera.

En Colombia, desde hace décadas —desde que empezó el Frente Nacional en 1957, con el derrocamiento de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, que había clausurado los periódicos liberales e introducido la televisión oficial—, la prensa escrita o radial ha sido teóricamente libre. Una libertad solo limitada en la práctica por la amenaza de muerte. O por la muerte. Y así han sido asesinados, desde que se lleva la cuenta, cerca de doscientos periodistas, entre casos famosos como el del director de El Espectador Guillermo Cano y casos casi ignorados como el de directores o simples locutores de emisoras radiales locales de provincia. Y, ya digo, por la amenaza. Por distintas amenazas. De las mafias, de las guerrillas, de los gobiernos. Por lo general, amenazas de muerte.

Ya que estamos aquí en Los Danieles vale la pena recordar que todos los periodistas colaboradores de este portal hemos sido en uno u otro momento obligados a exiliarnos del país, por amenazas. Daniel Coronell por las amenazas del gobierno de Álvaro Uribe, y del propio Uribe cuando era presidente, ha sido el caso más reciente. O tal vez Daniel Samper Ospina cuando fue denunciado por él como peligroso pederasta por haberse burlado del nombre —Amapola— de la recién nacida hija de la activista uribista Paloma Valencia. Pero ya mucho antes Daniel Samper Pizano había tenido que refugiarse en España cuando uno de los consejeros del presidente Virgilio Barco lo llamó “sicario moral” a causa de sus denuncias, justamente, morales. Y antes aún Laura Restrepo, en los tiempos del Estatuto de Seguridad del presidente Julio César Turbay y su ministro de Defensa el general Camacho Leyva, se exilió en Cuba y luego en México. Y yo mismo, por esa época, me fui a España advertido por el embajador español de que en el ejército se tramaba un atentado contra mí a causa de mis críticas en el diario El Espectador. Unos años más tarde el entonces ministro de Defensa general Guerrero Paz me lo explicaría, confianzudo, tuteándome, diciéndome:

—Sí, tú tuviste un malentendido con la Institución.

¿Un malentendido? No: es que estábamos en completo desacuerdo el ejército y yo, tanto en los métodos como en los fines. Sobre los métodos el tiempo me ha dado la razón: ya en ese entonces habían empezado las detenciones-desapariciones y los asesinatos llamados púdicamente “falsos positivos”. Sobre los fines, la discrepancia continúa.

Y hace poco menos de un año, ya bajo el gobierno de Duque, se descubrieron los llamados “perfilamientos” clandestinos de periodistas hechos por el ejército. La amenaza.

De manera que celebrar el primer aniversario de la existencia de este portal de Los Danieles es una inmensa satisfacción. Es celebrar la existencia, la persistencia, la resistencia de la libertad. La resistencia. Porque la libertad de prensa no es algo que se tiene, así la garanticen en la teoría las leyes, sino algo que se conquista todos los días. O, en nuestro caso, todos los domingos.

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