ESTO QUE ESTÁ PASANDO
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Por Antonio Caballero

Desde la altura de la presidencia de la República, Iván Duque llama a la “asistencia militar”: algo que no se sabe en qué consiste, pero, dados sus habituales circunloquios eufemísticos, suena a militarización de las ciudades contra la protesta. Soldados en las esquinas.  Su jefe el “presidente eterno” Álvaro Uribe es más explícito, y pide más: invita a incitar a policías y soldados para que usen sus armas – las armas de la República – contra los manifestantes, y a que el gobierno saque el ejército a la calle. ¿Por qué no los tanques?  Quiere más sangre: más masacres “con sentido social”, como las ha llamado. Fuego a discreción. Paso de vencedores, en nombre de la patria.  Ya van más de veinte muertos, y se habla de docenas de detenidos desaparecidos. Bueno: de “presuntos” desaparecidos.

¿Desaparecidos delante de los ojos de miles de manifentantes en el curso de las protestas? No es verosímil. Muchos aparecieron después: se los habían llevado presos. Heridos, 255 civiles y 273 policías: en total, casi 600 víctimas. La gente sigue en la calle, pese a los toques de queda y a las balas. El uribismo responde: ¡Plomo es lo que hay!

Por primera vez bajo el ojo inmóvil de este presidente inepto uno de sus ineptos ministros renuncia, o lo retiran: el insensato de Hacienda, Alberto Carrasquilla. El que prendió la mecha. Lo premian: se va para la CAF (Corporación Andina de Fomento), con un buen sueldo en dólares. Y el opositor Gustavo Petro, en una de sus crecientemente presidenciales y megalomaníacas “alocuciones a la nación”,  se muestra en cambio sensato al decir que el paro ha debido parar cuando el presidente Duque retiró la injusta reforma tributaria, disfrazada de “social”, de Carrasquilla. ¿Sensato Petro? Siempre lo es, o lo parece, en su verbo. El problema viene después, en su acción.

Pero el paro sigue. Tampoco a Petro le hacen el menor caso. Porque el paro no viene solo de la tributaria (la que prendió la mecha), sino de una acumulación de motivos de fondo, nacidos de la monstruosa inequidad de este país.

A continuación transcribo, no una columna en forma, sino una serie de notas.

Habla Uribe, el “presidente eterno” de Duque y de los uribistas, de la “revolución molecular disipada” que inventó un neonazi chileno. ¿Qué quiere decir eso?

El presidente actual, Duque, asegura que detrás del vandalismo – la quema de buses del transmilenio de Bogotá, del de Cali, del incendio de varios Cais con policías adentro, y de la protesta  general, y de los miles de millones de pesos perdidos en los destruídos bienes públicos y privados – están las mafias del narcotráfico. Todo eso es, asegura, “terrorismo urbano financiado y articulado”por ellas. Y en esa misma línea insisten el fiscal general Francisco Barbosa y el ministro de Defensa Diego Molano, y el alto comisionado de Paz Miguel Ceballos, a quien nada le importa.

¿De verdad lo creen? No me parece a mí creíble que ninguna organización en Colombia, terrorista o no, sea la Andi de los industriales o el cartel del Golfo de Urabá, o el descabezado ELN cuyos jefes están en La Habana, o las desorganizadas disidencias  de las Farc, o el propio Ejército Nacional, o hasta la poderosa DEA norteamericana con su sede local, no me parece que nadie tenga la capacidad suficiente para “sincronizar”, como dice Duque, tantos desórdenes simultáneos en todo el país (sin hablar de las mingas indígenas). Y si alguien es capaz, merecería gobernar el país.

Y el jefe de la policía insiste: según él – detrás de los disturbios (en Colombia siempre hay un “detrás de”) están, por inverosímil que parezca,  las disidencias armadas de la disueltas Farc, que, según él dice,  aprovechan el paro nacional en las ciudades “para afianzar sus rutas de narcotráfico” en el Cauca y en Nariño. Al margen de que no se entiende cómo, en la práctica, el incendio de un bus en Bogotá o un asesinato en Pereira puedan servir para afianzar rutas del narcotráfico entre Buenaventura en nuestra abandonada costa del Pacífico y Galicia en España o Amberes en Holanda o San Francisco en los Estados Unidos, tampoco se entiende – o al menos yo no entiendo, en mi torpeza que contrasta con la inteligencia militar que citan los periódicos –  cómo se “financia” una rebelión popular. ¿Como se financian unas elecciones? ¿Comprando las protestas, como se compran los votos? Si Gustavo Petro “está detrás” de todo eso, como lo acusan, Petro es un genio.

Pero no creo que “esté detrás”. Me parece que está surfeando en la cresta de la ola.

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