ISABEL LA CATÓLICA
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Por Ana Bejarano Ricaurte

El año pasado, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, invitó al papa Francisco a hacer un ejercicio de contrición por cuenta de la participación de la Iglesia católica en la desaparición de los pueblos indígenas americanos, antes de que fuéramos América. Esta semana, el jerarca religioso accedió al llamado y pidió perdón a medias: “por todos los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”. 

Las disculpas le cayeron mal a la flamante y divisoria Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, quien le contestó al argentino: “Me sorprende que un católico que habla español hable así a su vez de un legado como el nuestro, que fue llevar el español y el catolicismo y, por tanto, la civilización y la libertad al continente americano”. 

La posición de Díaz Ayuso es una muestra más del colonialismo trasnochado, que en los tiempos de la desinformación ha vuelto a cobrar fuerza. La idea es que cuando Colón llegó al nuevo continente —enviado por otra Isabel, la Católica—, no encontró civilizaciones sino a una cantidad de salvajes, a quienes auxilió atragantándolos con el castellano y la hostia, como si hubiese liberado a los aztecas o a los mayas de la prehistoria. 

Esa visión es miope y equivocada. Hace décadas surgió un movimiento de sociólogos e historiadores que invita a repensar el concepto de modernidad y a entender que el mal llamado “descubrimiento de América” también fue un proyecto de erradicación de los pueblos indígenas —un genocidio—, de violación de las mujeres, exterminio de sus lenguas, tradiciones y creencias. Y si de deudas se trata, las potencias europeas le deben a América una grotesca cantidad de oro, tesoros y riqueza que extrajeron a la fuerza de las civilizaciones que aquí encontraron. 

Además la idea de que la colonia española representa un legado de libertad en América Latina desestima las guerras de independencia de los patriotas para sacar de los pueblos criollos al Ejército Realista, y también las complejidades y los matices de esos procesos. Pero la ignorancia más atrevida está en la convicción —por demás bastante incrustada también en nosotros— de que gracias a la cultura que se les impuso violentamente a los indígenas del continente es que alcanzamos la civilización.

Díaz Ayuso plantea una reflexión injustificable de la historia basada en el racismo, en la falsa creencia de que existen formas de vida superiores. Es justamente en esa idea de superioridad que se escudan los proyectos colonizadores de quienes se imponen a la fuerza. Y en ese raciocinio se pueden encontrar las raíces de la xenofobia actual, que es otro de los discursos de los que ha hecho alarde la presidenta de Madrid, junto con sus amigos ultraderechistas de VOX, con quienes gobierna. También la ha emprendido contra la comunidad LGBTIQ, al objetar una ley que la protege como “progresía tirana”, y contra la libertad de las mujeres, al decir que el aborto es el “recurso fácil que pone la izquierda cada vez que algo le sobra”.

Pero lo que busca realmente Díaz Ayuso con estas intervenciones es atención. Por eso salió a polemizar con el papa: estaba de gira en Estados Unidos y solo la perseguían medios españoles. La presidenta de la Comunidad de Madrid sabe atraer miradas porque es una periodista y estratega de comunicaciones políticas que creció en el seno del Partido Popular, y en tan solo dos años se convirtió en lo que El País llamó un “fenómeno político”. Isabel arrasó en las pasadas elecciones autonómicas porque, al parecer, los madrileños le agradecen su manejo del covid-19, y tal vez también supo aprovechar la fatiga pandémica. Pero su gran destreza es el uso de la palabra, un mercado donde el nacionalismo vende muy bien.  

Al cierre de su controvertida gira cuestionó con preocupación: “¿Por qué se está haciendo una revisión del legado de España en América?”. Repasar la historia es indispensable para entender el presente y los fenómenos complejos que perpetúan el status quo. En este caso, es también un acto de justicia con los pueblos indígenas exterminados. Y tiene razón Díaz Ayuso en que ojalá se reexaminen las invasiones de todas las potencias europeas en este continente. 

En medio de la visita, la política española le rindió homenaje a Isabel I de Castilla tomándose una foto en la sede de la OEA en Washington, junto a una estatua de la monarca que permitió y financió el periplo de Colón a América. Sería un mejor tributo plantear una reflexión honesta del momento revolucionario que lideró esa reina, pero eso da menos votos y aún muchos menos likes. 

Tomado de: Twitter
Tomado de: Twitter

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